alejandro aguilar
 
 
 
Alejandro F. Aguilar (Camagüey, Cuba, 1958) escritor premiado en varias ocasiones, ha pasado los últimos veinte anos de su vida viajando por el mundo desde sus ciudades de residencia en distintos momentos: Budapest, La Habana y Filadelfia. En esta última etapa de su incesante viaje, divide su tiempo entre la escritura, la enseñanza del Español y la Literatura Hispanoamericana y tratar de comprender al ser humano bajo las presentes circunstancias mundiales. Obtuvo una Licenciatura en Educación de la Universidad de La Habana y una Maestría en Artes de la Universidad de Temple, en Filadelfia. Hasta hoy ha publicado una plaquette de poesía titulada Tesituras (La Espada Rota, Venezuela, 1994), dos libros de cuentos: Paisaje de arcilla (Letras Cubanas 1997 / Ventana Abierta 2008, esta última en edición bilingüe) y Figuras Tendidas (Sanlope, 2000); así como las novelas La desobediencia (Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003), Casa de Cambio (Cursack Books, New Hampshire, 2005) y Fijar la mirada, (Casa de Teatro, Republica Dominicana, 2009). Textos de Aguilar han aparecido en publicaciones periódicas en inglés como Matamorphoses y Beacons. Cuentos suyos han sido incluídos en varias antologias; entre ellas New Short Fiction from Cuba (Northwestern University Press, Sept. 2007), New Cuban Fiction (Review of Contemporary Fiction, Dalkey Archive Press, Fall 2006) y Cuba on the Edge (CCCP, Reino Unido, Dic. 2006) Aguilar imparte cursos de Técnicas Narrativas y talleres de Escritura Creativa. Ha sido invitado a hacer lecturas y conferencias en Universidades como Harvard, Connecticut, Villanova, Emory, Temple, Anchorage Alaska, así como en Barnard y Alfred Colleges, entre otros. También ha impartido conferencia sobre asuntos internacionales en el World Affaires Council.
 
 
 
 
Alejandro F. Aguilar (Camaguey, Cuba, 1958) has spent the last 25 years traveling the world from his home cities of Budapest (Hungary), Havana (Cuba) and Philadelphia (USA). In the latest stage of his never-ending trip, he splits his time writing, teaching Spanish Language and Literature, and trying to understand the human being under the world’s present circumstances. He Holds a B.A. in Education from Havana University and a Master in Arts degree from Philadelphia’s Temple University. Alejandro has published a book of poetry entitled Tesituras (Espada Rota, Venezuela, 1994), two collections of short stories, Paisaje de Arcilla (Letras Cubanas, 1997) and Figuras tendidas (Sanlope, 2000), one novel in Puerto Rico, La desobediencia (Plaza Mayor, 2003) Casa de Cambio (Cursack Books, 2005) and his most recent Fijar la mirada (Casa de Teatro, Dominican Rep. 2009). Aguilar’s writings have appeared in English language in journals such as Metamorphoses and Beacons. His stories are included in the anthologies New Short Fiction from Cuba (Northwestern University Press, Sept. 2007), New Cuban Fiction (Review of Contemporary Fiction, Dalkey Archive Press, Fall, 2006) and Cuba on the Edge (CCCP, United Kingdom, Dec. 2006). Ventana Abierta from Chile published in Jan. 2008, a bilingual edition of Landscape of Clay. Aguilar teaches Narrative Techniques and Creative Writing workshops and has given bilingual readings and/or lectures at Harvard, Barnard College, Anchorage Alaska University, Alfred College, the University of Connecticut, Emory, Villanova and Temple University. He has also given lectures on issues of international affairs at the World Affairs Councils.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Fragmento de FIJAR LA MIRADA, Mención de Honor del Premio Casa de Teatro, publicada en Diciembre /2010 por esa institución.


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Aún antes de abrir los ojos Lidia estiró el brazo derecho y palpó el lado vacío de la cama. Su esposo no había llegado a dormir tampoco esa noche; pero no era su cuerpo el que buscaba. Dejó caer la cabeza hacia el lado y constató que Martín no estaba allí. El sueño había sido una continuación de lo vivido la noche anterior. Sus sentidos estaban confundidos, alterando su percepción de la realidad. No estaba ebria. Recordaba exactamente el momento en que se despidieron, la mano de él extendida como queriendo asir su blusa, no dejarla ir. Las miradas enlazadas, como apartando el resto de lo visible, ojos en los ojos, tacto en el tacto. Se incorporó de un solo impulso y fue a mirar su imagen en el espejo. Tenía el rostro despejado, los ojos luminosos, los senos erguidos, la piel estremecida. Se sentía limpia y agrandada a pesar del leve rumor del  desasosiego que pugnaba por crecer y convertirse en un ruido atronador. Ella lo impidió. Sabía controlar los desmanes de los nervios, lo inefable de las emociones. Había amordazado el sentimiento de culpa desde hacía mucho; desde la primera vez que debió lanzar un cóctel molotov contra un camión cargado de soldaditos somocistas; desde el primer día que tuvo en la mira un colaborador de aquel régimen; desde la primera vez que asaltó una posición enemiga en medio de la balacera, los estallidos y el humo. La violencia y las muertes en su entorno la habían endurecido, pero su alma femenina estaba intacta; su sensualidad más que despierta. Los días que se vivían eran intensos. Muchos compas usaban este pretexto para hacer y deshacer a sus anchas, para que sus hormonas anegaran sus ideales en nombre de estos mismos. Ella no era demasiado diferente, pero se había permitido muy pocas libertades en ese terreno. Sin embargo ahora había aparecido aquel cubano con mirada triste y palabras bonitas; aquel hombre que sabía como hablarle, mirarla, tocar su mano en el saludo, abrazarla en cada despedida con respeto y ternura… y ella había cedido, se había entregado; había asaltado a su vez, consiguiendo un goce del cuerpo y del alma como no recordaba haber experimentado hasta entonces. Se sentía una mujer distinta. Por un instante tuvo una idea que enseguida desechó. No podía aceptar la noción de que estos sentimientos completaban la sensación de libertad que perseguía desde que se enroló en el Frente en 1978. “¡Qué babosadas estás pensando, Lidia!” Y con una sonrisa pícara abrió el grifo y dejó que el agua fría acabara de despertarla.
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